Gonzalo Rodríguez Risco, de Lima a Yale a punta de talento

 “Siempre me dicen que el teatro no da plata, pero en mi caso me ha llevado fuera del país, me ha dado una maestría, ha abierto puertas que jamás me hubiera imaginado.”
   

Gonzalo Rodríguez Risco es un dramaturgo y guionista peruano, graduado del Yale School of Drama, en Dramaturgia. Donde  de 250 postulantes entran solo tres, el importante literario no solo escribe interesantes obras de teatro en Perú y Estados Unidos sino que también produce y traduce y a hasta a veces actúa.

 
¿Cómo peruano que tan difícil fue entrar al mercado Norteamericano?

Sigue siendo una lucha constante. En el 2010 mi obra “Dramatis Personae” fue producida por el grupo de teatro The Playwrights Realm y se presentó Off-Broadway en el Cherry Lane de Nueva York, con muy buena acogida… Fue una experiencia increíble y espero que se repita pronto… Pero la lucha para todos los dramaturgos es la misma, hay que escribir mucho, mandar tus textos, buscar teatros que hagan obras que sean en tu estilo. Nuestra mayor competencia son Shakespeare y Chejov, que son más “seguros” que producir una obra nueva… No solo como peruano, sino como dramaturgo en general.

¿Cuáles son las diferencias más importantes entre el mercado americano y el Peruano?

Es triste ver que la diferencia está en lo económico. Aunque son pocos, existen dramaturgos en Estados Unidos que viven de sus carreras en el teatro, y a quienes les es posible mantenerse gracias a su trabajo. En el Perú es casi imposible en este momento… Yo mismo hago teatro, pero a la vez escribo cine, traduzco, edito textos de cine y teatro, busco oportunidades en televisión, hago lo posible por mantenerme haciendo lo que me apasiona, pero siempre vas de proyecto en proyecto.

¿Cómo te sentiste al ser becado nada más y nada menos que por Yale School of Drama?, sabes que eso no es nada fácil

Debo admitir que más que la beca, lo que me impactó fue entrar a la escuela. Cada año se presentan 250 personas para tres puestos; cuando estaba escribiendo la obra con la que me presenté intentaba olvidarme de las chances que tenía de entrar, pero una vez que me llamaron y me llevaron para la entrevista con Richard Nelson, el jefe de carrera, no podía creerlo. Después supe que habian pre-seleccionado a seis candidatos y yo era el primero en ser entrevistado… Pero al segundo día de entrevistas, Richard me llamó a su oficina y me ofreció uno de los tres puestos. Lo tuve que abrazar de la emoción y acepté de inmediato. La beca fue como una alegría extra, porque yo iba a ir aunque me endeudara por el resto de la vida. Yale ha sido una de las experiencias más importantes de mi vida.

Fuiste productor y escritor de Gay Play, ¿Cómo fue tu experiencia cumpliendo dos funciones en un montaje en el exterior?

Si hay algo que resalta de la forma en la que hacen teatro en USA es que todo es muy exacto, casi como una receta de cocina. Fue muy interesante poder llevar a cabo la producción de una obra desde la escritura hasta la puesta en escena, presupuestar, coordinar ensayos, intentar conseguir todo lo necesario para hacer la obra… Una experiencia agotadora y a la vez muy interesante. Por suerte el resultado fue muy bueno, recibimos excelentes críticas y gran respuesta del público.

¿Cuántos premios has ganado ya, cuál te ha significado más para tu carrera?

En mi carrera he ganado unos cinco premios por mis obras…En 1996 el director peruano Carlos Acosta me dijo para presentar mi obra “Un Verso Pasajero” en el Primer Festival de Teatro Peruano-Norteamericano del ICPNA. Yo no tenía la menor experiencia en teatro, nunca había escrito nada que se hubiera puesto en escena ni había estudiado teatro; ¡y ganamos el premio! En ese momento me di cuenta que quería ser escritor de teatro por el resto de mi vida, y desde entonces he puesto todas mis energías en mi carrera como escritor. Ese premio marcó un antes y después en mi carrera, y creo que siempre va a ser el que más significado tenga.

Has incursionado en la asistencia de dirección, que tal la experiencia?, te gustaría dirigir en el futuro?

Ser asistente de dirección es un trabajo que es mitad “hacer todo lo que el director no quiera hacer” y mitad ser un apoyo moral para el director, eres la persona a la que le caen las frustraciones que el director no puede compartir con el elenco y tu labor es apoyar a que la obra salga bien, y que el director mantenga su sano juicio. Dicho esto, la verdad, con toda honestidad, me moriría de miedo de dirigir. Nunca lo he hecho en los 15 años que llevo en esto, y no me veo haciéndolo… ¿Pero quién sabe?

¿ Ya cuántas obras has escrito?

Hace poco las conté. Son 21 obras teatrales, de las cuales 13 son obras largas y 8 son obras cortas. 7 son en inglés y el resto en castellano. No está mal, ¿no?

¿Cuál es la obra que recuerdas con más cariño?

Esa pregunta es casi imposible de responder. Siempre es la obra en la cual estoy trabajando, y todas son distintas. Adoro mis comedias, pero siempre me han resultado más fáciles de escribir, y por eso le tengo más respeto a mis dramas… ¿En este momento? Estoy enamorado de “The French Play”, que fue mi tésis en Yale y que hasta ahora no ha conseguido un productor que se anime a hacerla (pero la vi en Yale y fue un éxito rotundo). Pronto será otra obra, no me enamoro de mis obras, me obsesiono con ellas.

 

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